viernes 18 de noviembre de 2011

Y llegados a este momento…



Es evidente por mucho que uno quiera disfrazar la realidad, lo cual no es mi caso, que estamos ante una auténtica economía de postguerra.

En mucho peores situaciones se han encontrado muchos países a lo largo de la historia y la solución siempre es la misma: trabajar más. Parece una perogrullada, pero no queramos disfrazar de nuevo la realidad. Cuando una economía está en el fondo, economistas de prestigio siempre indican lo mismo, ese momento es precisamente el comienzo de la regeneración pero para ello es necesario en primer lugar ser conscientes de ello y en segundo lugar poner los medios como para empezar a crecer. Quizá más exacto sería: quitar los medios que impiden el crecimiento.

En nuestro país es esencial como base para todo lo demás la creación de empleo.

Pero no es posible crear empleo con nuestra actual legislación en todos los ámbitos de la misma.

Una primera acción, antes que cualquier cosa es la antilegislación o la legislación reductora, dicho de otro modo, es esencial la eliminación de cualquier cortapisa para que un emprendedor pueda en el plazo más breve posible crear su empresa y para ello el Estado debe limitarse si fuera posible a su absoluta no interferencia en el proceso con la única acción de que no se sobrepasen los derechos individuales en el sentido de la generación de un perjuicio a los de los demás.

Por poner un ejemplo, si un dentista quiere montar una clínica dental, actualmente hay una legislación específica al efecto que impone condiciones de espacios y diseños específicos para el desarrollo de su actividad, ello quiere decir que si por ejemplo una sala de consulta debe tener en la actual legislación 8 m2 como mínimo, la pregunta que se suscita es ¿una sala con 7,99 m2, no es apropiado para la actividad?. La respuesta más lógica es que cada dentista sabe muy bien como organizar su clínica y tendrá éxito o no en función de la calidad total de sus servicios y de la real aceptación de su clientela. Si el resultado es bueno, será magnífico para todos, si no lo hace bien con independencia de la extensión de su lugar de trabajo, las leyes del mercado lo llevarán a una indefectible ruina. Conclusión: no debe haber más legislación al efecto que el cumplimiento de unas mínimas condiciones sanitarias e higiénicas, por otro lado evidentes.

Lo mismo ocurre con la monstruosa legislación en materia de protección presunta del Patrimonio, en virtud de la cual un grupo de personas concreto decide lo que es patrimonio de todos enagenando la real y absoluta propiedad privada. Se decide lo que está bien o mal y ello pasa a formar parte de la legislación, con independencia de que el resultado en casos concretos sea infinitamente superior o magnífico frente a lo supuesto por el legislador que en realidad y como siempre tiene un criterio personal, normalmente ajeno a los requerimientos del mercado o simplemente del resto de los ciudadanos. Como diría alguien: “ No dejes que una legislación impuesta por unos pocos te impida hacer lo que está bien”, dicho de otro modo, como diría Sainz de Oiza: “Si una legislación urbanística impide la realización de un buen proyecto, hay que cambiar la legislación”, yo añadiría o quitarla o reducirla del todo.

No voy, de nuevo, a criticar el Código Técnico de la Edificación, digamos que, simplemente bastaría con eliminar los Documentos Básicos y quedarme con el resto, o transformar esos Documentos en todo caso en “Manuales de buenas prácticas en la construcción” eso sí cambiando muchas cosas. Si un técnico lo es, es de su absoluta responsabilidad hacer bien su trabajo y sobran absolutamente todos los controles, al menos los previos.

Desde otro punto de vista, en materia de viviendas. Me parece sinceramente demencial que un Estado imponga a sus ciudadanos cómo deben vivir y organizar el interior de su casa si no interfiere con la libertad o la comodidad de sus vecinos. Podría hasta admitir que en el caso de viviendas públicas existiera una mínima legislación que garantizase la vida en el interior de la vivienda pública como una media de las necesidades medias de los ciudadanos, incluso con la mirada puesta en personas con minusvalías, pero que esas condiciones no se impusieran en absoluto para el caso de las viviendas privadas. No quiero que el estado piense por mí, ni siquiera que rapte nuestros cerebros en aras de un presunto bien colectivo imaginado por unos pocos.

En otro orden de cosas, siempre volvemos a lo mismo y los políticos no terminan de ser conscientes de los hechos reales: una legislación en virtud de la que se establezcan los precios de las cosas, o el valor del salario mínimo, por poner un ejemplo, sólo tiene una consecuencia: producir paro.

Entendemos que somos seres humanos y cada uno es muy consciente de lo que le conviene o no y el Estado no es nadie para meterse en su vida. Si dos personas libremente realizan un contrato con el que están de acuerdo ambos, eso es mutuamente beneficioso para ambos. Pues bien, el establecimiento de un valor del salario mínimo sólo llega a la conclusión de que esas formidables bolsas de trabajo posible no llegan a realizarse simplemente porque es antieconómico para una empresa contratar más gente bajo esas condiciones, o sea, más paro. Un ejemplo claro lo vamos a tener con la legislación en materia de empleados de hogar que entrará a lo mejor en vigor en breve, simplemente nos vamos a encontrar con un incremento del paro de estas personas sencillamente porque el Estado ha pensado por ellos.

Yo pediría al nuevo Gobierno que al menos intentara tener un límite al que tender en su acción, simplemente tomar en cuenta de modo general estas consideraciones, sé que va a ser difícil, la mentalidad de los españoles ha estado durante demasiado tiempo atocinada entre subvenciones, derechos presuntos sin fundamentos, extracción de los beneficios de los mejores de este país en aras de los más incompetentes, necesidades consideradas como fuentes de derecho y otras cosas ilógicas que llevan a la lógica de la situación actual. Lo que constituye una rémora demasiado potente.

La pregunta que me hago es: ¿no estabas esperando exactamente este estado de cosas desde hace tanto tiempo?, la respuesta es sí, lo esperaba con una salvedad, y es que seguía pensando y teniendo la esperanza de que los españoles o al menos una buena parte tuvieran el cerebro suficiente como para pensar en lo que les conviene y no fueran sectarios o al menos que no consideraran que su vida es como ser socio de un determinado equipo de futbol, que debe vivir manque pierda. Ahora no estoy seguro de eso, simplemente estoy divertido en saber si el lunes volveré a tener fé en los españoles o estaré pensando en si irnos de este país es la única solución personal o al menos desaparecer como los héroes de la rebelión de Atlas, ser transparentes como John Galt y desarrollar un mundo nuevo en Atlantis real o virtual.

Por cierto, un aspecto de la novela en la que no había reparado hasta ahora, en el momento en el que he podido ver la película es el hecho de que la trama inicial se construye en la falsa impresión de que los verdaderos héroes son unos malvados al uso para ir descubriendo que es exactamente lo contrario. Rand nos lleva por un camino de iniciación en el que uno va constatando que todo aquello que es considerado bueno por hipótesis o por lo implantado que se encuentra en la sociedad, se construye sobre bases de lodo y al final uno necesariamente ha de intentar comprender a esos “malos” y en ese momento hemos caído en la trampa que tiende Rand…hacernos pensar y terminar por comprender todo el fondo de su pensamiento, el más limpio y moral. A partir de ese momento uno se acaba de considerar a sí mismo, si es decente, el más “malo” de los héroes de la novela. De otro modo, héroes sin pecado….libres.

La dirección para disfrutar en tanto no podamos comprar:

http://www.youtube.com/watch?v=cXffK8fSJ8A&feature=results_video&playnext=1&list=PL43595A4BD0C58AEB